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Jorge Ceballos

Inseguridad y avance del narcotráfico en el conurbano bonaerense. Por Jorge Ceballos

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El narcotráfico avanza en la Argentina y no es novedad, recientemente dos curas con trabajo en las villas de San Martín y de Moreno tuvieron que ser trasladados de sus lugares ante las amenazas de los narcos. Por otro lado, hace poco, un grupo de jóvenes de Brandsen me comentaba como en los barrios empezaba a correr entre los chicos con más fuerza la pasta base cuando hace unos años eso ni se pensaba. Hace unos meses atrás, en el Barrio Ona de Almirante Brown, la policía realizó un operativo a una cuadra de uno de los principales kioscos de droga del barrio sin siquiera acercarse a la puerta frente a la que al caer la noche los jóvenes forman fila para comprar paco, cocaína o alguna otra sustancia. Lamentablemente esta realidad avanza y pareciera que tenemos un gobierno que más allá de alguna que otra declaración no tiene intención en ponerle un freno a esta situación.

Quizás haya que ponerle frente a los ojos de los funcionarios el Lado B del avance del narcotráfico en nuestro país a ver si se hacen la pregunta que no se quieren hacer: ¿qué sucede en los barrios más humildes cuando los narcos avanzan? ¿Qué es lo que sucede en los conglomerados más vulnerables, aquellos que para el sentido común son cuna y albergue de la inseguridad que flagela los centros urbanos? Porque está claro que la inseguridad atraviesa a todos los sectores sociales, pero es percibida en el imaginario colectivo de distinta manera en cuanto a quiénes la generan y quiénes la padecen.

Entonces me parece que se hace necesario detenernos un momento para pensar en una respuesta y reflexionar sobre la inseguridad que genera el narcotráfico, la vulnerabilidad económica y social que viven los sectores populares y la complicidad del poder político y las fuerzas de seguridad con la red del delito en las villas del conurbano bonaerense. Cada vez con más frecuencia recibo a madres desesperadas que se me acercan a hablar ante la situación de sus hijos. No hace mucho una mujer de Villa Fiorito tuvo que arrojarse encima de su hija en medio de la cena para protegerla de los disparos que silbaban atrás de la casa de chapa en la que viven al quedar atrapadas en una de las tantas (y frecuentes) disputas entre dos bandas de transas del barrio. Los pibes que se disparaban unos a otros no pasaban de los 20 años. “Cada vez está peor, cada vez son pibes más chiquitos que trabajan para los transas”, recuerdo que me dijo.

En un contexto donde los jóvenes no tienen asegurado un futuro laboral, donde la escuela sola no te permite conseguir trabajo y donde muchos de estos pibes la dejan para juntar unos mangos para la familia, el negocio de la droga es prometedor. La oferta es tentadora en esas condiciones: de 350 a 600 pesos diarios por oficiar de soldaditos o mirillas, y pertrechados con pistolas 45 y chalecos antibalas que mayoritariamente provee la misma Policía. La situación social es tan grave en estos barrios que la droga no se convierte en una salida sólo para los jóvenes: algunas mujeres, en la desesperación para alimentar a sus familias, caen en esas redes. Una de ellas, con ocho hijos, me contó que empezó a “trabajar” en un “taller de carteras”, así le exigían que llamara al lugar donde armaba papelitos de cocaína, pasta base o babullos de porro. La tarea era de lunes a viernes de 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde y cobraba 1700 pesos semanales. Luego le pidieron que hiciera algunas veces de “mula” y, cuando quiso abandonar, comenzaron las amenazas de muerte para sus hijos, algo que en dichos ámbitos no es una mera bravuconada.

Entonces cabe preguntarse si no es momento que alguien se ocupe –y cuando digo alguien me refiero a algún representante del Estado- de lo que pasa a sólo 20 minutos de cualquier centro urbano. ¿Por qué solamente hablamos de la inseguridad en términos del asalto que uno sufre a manos de otro y no de la inseguridad que viven todos los días los argentinos y argentinas que ven como sus hijos son cooptados por las redes de droga porque termina siendo la única posibilidad de trabajo “real”? Es tiempo de empezar a hablar de la inseguridad de los barrios del conurbano. Es tiempo que el Estado se empiece a ensuciar los zapatos lustrados y charle con los vecinos que sufren las consecuencias del avance de un modelo económico delictivo que opera con la venia de muchos políticos y las fuerzas de seguridad.

 

Autor: Jorge Ceballos. Secretario General del Movimiento Libres del Sur.

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